Tengo un amigo que tiene un hijo único, que debe andar en los 10 u 11 años, que para los efectos de este mail llamaremos Manolito. El mocoso cuando recien lo conoces es un encanto, como siempre se ha movido entre adultos habla muy bien, es inteligente y se enchufa en casi en cualquier tema.
Sin embargo, a la media hora, el mocoso ya se ha convertido en un tormento: se mete en la conversación venga o no al caso, trata a los mayores como si estuviera con sus compinches del colegio y sale con acotaciones francamente impertinentes. A la hora, insufrible...
No se por que despues de todas las semanas que llevamos con el tema de la Educación la Camilita y sus amigos me recordaron a Manolito.
Al igual que Manolito partieron deslumbrando diciendo cosas ciertas y con buenos argumentos, y con ello se ganaron la simpatia ciudadana. Pero a medida que se les dió pelota se fueron adueñando del escenario, no le dieron oportunidad a nadie y partir de ese momento solo la opinión de ellos es la única valida.
Al igual que Manolito tienen un diagnóstico del problema con una dosis alta de acierto, pero precisamente su carencia de experiencia les impide ser constructores de soluciones, simplemente porque estan convencidos que ellas son absolutas. No hay matices.
Además, las soluciones requieren estudio y análisis porque no hay recetas mágicas. Y eso es imposible hacerlo gritando por la Alameda
Tambien al igual que Manolito, estos monstruitos son productos de su entorno adulto. Los mocosos tiene derecho a decir barbaridades, pero que haya un monton de adultos dispuestos a aplaudirlas es muy diferente. Peor aun cuando el mayor argumento "adulto" es joderle la vida a Piñera.
Ya los niñitos no le hacen caso al papá (supongo que en este caso es el Ministro), tampoco pescan a los tios que tratan de hacerlos razonar (algunos parlamentarios que entienden que la cosa no da para mas)y no existe un lugar de encuentro en que podamos hacer algo para que se les pase la pataleta.
Al igual que en la pataleta de Manolito ya hay victimas inocentes: el terno del tio Pedro cagó con el plato de salsa de tomate que le cayó encima y don Manuel (padre de la criatura) recibio doloroso golpe en las partes pudendas al tratar de controlar a la peste. La quebrazon de loza que quedó vamos a demorar un rato en levantarla.
Los pobres compañeritos de Manolito tampoco hayan que hacer. Por un lado esta entretenida la fiesta, pero por otro estan claros que no todos los papas son como los papas de Manolito y en algun momento tiraran la rienda y habrá que volver a la cruda realidad: las horas de clase perdidas, las materias no tratadas y la profecia obvia, el desastre de la PSU.Otros deberan tragarse la decisión paterna de cambiarlos a un Colegio en que se estudie.
Tal vez ya sea hora, como lo hacia mi padre, de mandarlos a acostarse sin postre