Salir de vacaciones siempre será una fiesta. Olvidarse por algunos dias de los problemas de la oficina, sabiendo que cualquier cosa que pase es problema de otro, no deja de ser maravilloso.
Pero si uno tiene, además, la oportunidad de salir del país, la maravilla se hace doble o triple. Al agrado de conocer nuevos lugares y culturas, se agrega la fantástica sensación de ser extranjero. Casi ET. Uno mira y trata de entender como funciona este pais distinto. Las explicaciones que nuestro cálido anfitrión nos entrega, las tratamos de interpretar suponiendo la posición desde la que nuestro maestro analiza los problemas de su país. Pero, aunque pongamos la mejor voluntad y afinemos nuestra sensibilidad al máximo, el problema no es nuestro. Aunque nos cuenten una historia terrible y solidaricemos con su dolor, nunca nos dolerá como nos duelen nuestros problemas cotidianos.
Por otro lado, durante un par de semanas nada sabemos de nuestro pequeño Chilito: No escuchamos al vocero de Gobierno, al parlamentario de turno y ni siquiera nos enteramos de la farándula. Con suerte veremos los resultados de Massu y González...
Si además vamos con los gastos ya pagados (no importa que haya sido a cuenta de créditos que despues habrá que pagar), esa sensación de estar en el limbo aumenta. Mientras estemos cuadrados con los escuálidos dólares que llevamos en el bolsillo, todo está bien.
Entonces conversamos con nosotros mismos, sintiéndonos orgullosos de aquello que hacemos mejor en nuestra lejana patria, pero tambien reconociendo con humildad que nuestros anfitriones en muchas materias nos sacan la mugre. Tomamos perspectiva. Los problemas que en Chile nos parecen terribles, los kilómetros los ponen en su exacta dimensión. También nuestras vanidades caen a su real dimensión cuando vemos los logros ajenos. Podrá no simpatizarnos demasiado la Michelle, pero tampoco la vamos a andar trapeando con extraños. La ropa sucia se lava en casa.
Si al diálogo con nuestros anfitriones, podemos agregar el coro de aquellos que tambien son extranjeros, entonces las comparaciones pasan a ser multidimensionales. Pedro, que es ecuatoriano, nos envidia cosas a los chilenos, pero al mismo tiempo yo envidio cosas que Andrés tiene en México. Todos tenemos fortalezas, pero tambien debilidades. El humanismo llevado a su máxima expresión.
Goethe decía que para saber había que viajar. Mi amigo Gaete agregaba que para viajar había que trabajar. Me gusta la mezcla: Gaete entiende que viajar es fruto de un esfuerzo y Goethe entiende que la sabiduria nace de enfrentar realidades.
Espero que esta ecuanimidad y placidez que me dieron las vacaciones me dure algunas semanas, antes que el tráfago diario les pase por encima.
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