En tiempos de nuestros abuelos se decía que "la letra con sangre entra" y, por ende, una parte - y una parte grande - de la educación se basaba en varillazos, reglazos, correazos y coscachos surtidos.
Nadie va negar la crueldad del sistema, pero parece que la humanidad fue capaz de resistirlo por un tiempo mas o menos largo hasta que, en pleno siglo XX, llegaron aquellos profesionales que constituyen uno de los jinetes de la Apocalipsis del mundo moderno: los sicólogos (los otros son los abogados, los médicos y los políticos) y nos dijeron en forma seria y doctoral que ese sistema "traumaba a los niños".
Como nada en este mundo se puede hacer de a poquitito, nos fuimos de un viaje para el otro lado: los niños pasaron a ser entes intocables. Ya no se trataba solamente de no mandarles el varillazo cuando jodian en exceso, tampoco había que hablarles muy fuerte. Hablar de disciplina era pecado mortal. Ponerles normas inhibia su creatividad. Poner exigencias los hacia "competitivos" (esto dicho con gesto de profundo asco).
Entonces llegamos a lo que vivimos los últimos años: los profesores eran agredidos por los alumnos (tuvo la osadía de exigirle la tarea). Un pendejo de 16 años, que apurado se sabe limpiar los mocos, le da una clase magistral al Ministro de Educación de como debe ser el modelo educacional a implementar en el país ¡y pobrecito del Ministro que no acoje tan inspirados consejos!, porque en tal caso el eminente adolescente se "tomará" el Colegio, lanzará los muebles (comprados con la plata de todos nosotros) por la ventana para defenderse de los policías que cometen el desatino de desalojar el inmueble para que otros, menos iluminados, puedan seguir estudiando.
Peor aun, las "arañitas" se dieron el gusto por años de robar departamentos. Cuando los desalmados policias finalmente las agarraban in fraganti, entonces ellas exhibian su escasa edad y su profundo desconocimiento del bien y del mal. El señor Juez, con lagrimas en los ojos (supongo de impotencia), debía dejarlas en libertad.
Otro angelito por una discusión idiota va a buscar un bate de beisbol y se echa a otro angelito de su misma edad. No tenía discernimiento, asi que salió rapidito. Espero que al menos le hayan dado Armonyl.
Otros encuentran fantástico llegar con estoques o revolveres al colegio. Cuando algun osado profesor, inspector o director denunció el hecho fue acusado de "represor" en forma inmediata.
Por eso, con todas las deficiencias que pueda tener, apoyo a doña Michelle con su ley penal juvenil.
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