Recuerdo que a la muerte de Gladys Marín - y a raíz de que se reconocía su consecuencia- se discutió mucho respecto a cuando uno era consecuente y cuando uno era francamente tozudo. El derecho a cambiar y a percibir la realidad que nos rodea en forma diferente es propio del cambio que tenemos cada dia, ya no somos los mismos de hace 20 años , las experiencias buenas y malas alguna marquita nos dejan, etc.
Pero de alli a cambiar de opinión con la misma facilidad con que nos cambiamos camisas ya no parece tan razonable. A no ser que nuestra primera percepción fuese un error craso.
Estas últimas semanas hemos vivido este tipo de volteretas en forma exagerada.
Primero Lavin.
Despues de ser un tipo detestable al que la Concertación le dió como caja por mas de 10 años ahora por obra y gracia de los cálculos políticos se ha convertido para sus ex enemigos en un estadista que está por arriba del bien y del mal.
Pero él tampoco lo hace mal: De ser un duro opositor a la Concertación, de ser dos veces el candidato del sector mas duro de la oposición, ahora se viró a ser bacheletista- aliancista. Ahora cree en la intervención del Estado y la "Revolución silenciosa" se guardó en un cajón.
Sin embargo, donde las volteretas estan pasando de castaño obscuro es en la justicia.
Me pongo el parche antes de la herida de inmediato. Acepto que las Cortes de Apelaciones son precisamente para eso: para apelar cuando uno cree que el fallo de un juez está equivocado pero lo que hemos visto en las últimas semanas van un poquito mas alla de eso.
Primero, el angelito del bate. Los antecedentes objetivos estaban a la vista para cualquiera aunque no fuera abogado: El asesinato no había sido ni un impulso ni un accidente. El tipo tuvo tiempo para pensar, ir a buscar el bate, buscar a su victima y asesinarlo. Pues el primer juez estuvo a punto de premiarlo: no encontró ningun antecedente agravante solo atenuantes. Hoy, 3 meses despues, 3 jueces fallan radicalmente distinto.
Luego, el caso Morrison. Primero, inocente. Los granitos de cocaina que llevaba en el auto eran solo por si acaso. El caso se revisa y ¡oh, sorpresa! ahora es culpable.
La doctora de Puerto Montt es declarada inocente de intento de homicidio en contra de su hijo. 3 años mas tarde es declarada culpable y, mas aun, se investigan los hechos que llevaron a la muerte a su marido.
El caso Pinochet es casi para la risa. El Sr. Cerda no estima necesario interrogar a los miembros de la familia Pinochet en calidad ee inculpados, solo en calidad de testigos. Luego algunos meses despues los condena a TODOS por un delito que hasta los mas ignorantes en leyes saben que no pueden cometer: malversación de fondos fiscales, ya que ninguno es funcionario público. Se pasan un fin de semana en la carcel y el lunes EL MISMO JUEZ les da la libertad. Esta semana la Corte dejó nulos los cargos. Si mañana, vuelve a meter presos a todos los Pinochet por fraude al fisco (delito mucho mas probable en este caso) ¿Diremos que se hizo justicia o deberemos esperar que corrijan el error?
Entonces, diferenciemos errores de forma y matices (que son los que habitualmente se apelan, que cambian la pena pero no el fallo) con gruesos errores de fondo. En los ejemplos que he puesto los datos con que trabajaron los jueces en la segunda vuelta fueron los mismos que se evaluaron en la primera. Entonces, ¿Como puede haber tan radicales diferencias en la apreciación de los hechos?.
Pero , peor aun, ¿Que le pasa al juez que se equivoca tan radicalmente?. Nada, absolutamente nada.
Entonces, no nos sorprendamos despues de los niveles de confianza que tiene a ciudadania en el Poder Judicial
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