Despues de cabecearme un rato largo pensando sobre que escribiría esta semana, llegue a la conclusión que estaba igual que la semana pasada: sin ninguna creatividad y, peor, sin ni pizca de sentido del humor.
Entonces me acorde de aquella histórica frase de Roberto Zahler en cuanto a que los chilenos somos unos gatos (referencia al jaguar) maniacos depresivos, que pasamos de la agonía al extasis, y viceversa, con una facilidad digna de mejor causa.
Mirando el actual momento, tiendo a pensar que Roberto tenía un pequeño error en su apreciación: Nuestra actitud permanente es depresiva, y cuando nos baja la euforia, mas que una expresión de alegría, es la forma fatalista de "gozar el momento" porque las cosas aun pueden ser peores.
Tratar de encontrar explicaciones al fenómeno daría para un Congreso Mundial de Psicología Social : Unos le echarán la culpa a nuestra mezcla racial, otros a que estamos encerrados entre montaña y oceano.
Mi humilde explicación es que estamos alienados, de acuerdo al concepto del viejo Marx: no controlamos nuestra vida ni nuestro destino.
Asi, en política, tenemos un gobierno que llegó al poder mas que por sus méritos por la incapacidad de los opositores de construir una alternativa. La Presidenta, llegó a su cargo mas que por sus méritos, por un conjunto de percepciones que tienen poco asidero lógico y en las que la propia organización partidaria poco tuvo que hacer. Tenemos un Parlamento que en buena medida se autoperpetua gracias en parte al sistema Binominal y en otra a los acuerdos cupulares. Un sistema Judicial que solo es defendido por los miembros de la Corte Suprema.
Cuando la ciudadanía opta por hacer los reemplazos que cree necesarios, el parlamentario desplazado se convierte automaticamente en ministro o embajador.
En lo laboral, mas del 50% de los chilenos tiene temor de perder su empleo. Si bien ello puede explicarse en trabajadores que están en empresas o sectores con problemas, de ninguna manera explica el alto nivel del porcentaje. La respuesta probablemente vaya por el lado de la nula fuerza sindical, de las externalizaciones, de las fusiones y de que, en la moderna administración chilensis un tipo de 50 años es desechable.
En lo familiar, los apoyos se han perdido. La "nana" que fue la segunda mamá para muchos de nosotros, hoy está francamente en extinción. La opción de mi madre de trabajar fue voluntaria, hoy para muchas mujeres es una obligación impuesta por el exiguo presupuesto familiar. Nuestros padres pudieron darnos educación con sacrificios pero a costos razonables. La casa de clase media tenía 140 metros cuadrados (Ley Pereira) , hoy el trabajador equivalente a nuestros padres (empleados públicos o particulares) con suerte llega a los 75 metros cuadrados. La tranquilidad con que nosotros saliamos de noche en los 70, no es la de hoy, en parte por el aumento de los autos pero también de una delincuencia que crece pese a las explicaciones de la autoridad.
Entonces, todo lo que pasa nos parece ya visto. Casi con certeza acertamos a la explicación de la autoridad, a la decisión de la Corte, al término del conflicto laboral, a la discusión en el Parlamento. Hasta podemos prever lo que dirá cada uno. Lo malo es que son las menos las ocasiones en que el resultado nos satisface.
En tal sentido, la reacción social que ha producido el conflicto de los pinguinos debe ser analizada con cuidado. Tal vez la paciencia se está acabando y los conflictos que debe enfrentar la Presidenta en los próximos meses (profesores, salud, negociación de Codelco) empiecen a presentar rasgos duros que no se han visto desde el regreso de la democracia, porque la esperanza de que la alegría llegue de una vez, se va a ver diluida definitivamente.
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