La semana pasada estaba tan enojado con el show de la píldora del día después que dejé de lado una importante deuda de gratitud: debía darle las gracias a André Agassi por los cerca de veinte años de gran espectáculo que nos brindó en todas las canchas de tennis del mundo.
Alguien me podrá decir - con una justificada dosis de cinismo - que cualquiera se esfuerza en una cancha de tennis cuando el resultado es una interesante bolsa de dólares. Pues precisamente ese es el mérito de Agassi: aunque ganó una importante cantidad de dinero nunca perdió de vista que el verdadero sentido que tenía el circuito era el espectáculo.
Primero fueron sus famosos pantalones de jeans recortados, cuando todos jugaban de impecable blanco. Tambien una enmarañada melena que los años reemplazarían por una brillante calva.
Tambien fueron parte del espectáculo sus romances con mujeres hermosas y famosas. Primero la Brooke Shilds y luego la Steffi Graff. La primera le costó retroceder en su carrera hasta casi desaparecer, la segunda le dió el empuje que le permitió volver a la primera línea cuando todos lo daban por terminado, mas maduro, pero con las mismas ganas de un principiante.
Esas ganas son las que los aficionados al tennis aplaudimos en cada oportunidad a Agassi. Se lo ganó todo: fue campeón olímpico, ganó los 4 Grand Slams, fue número 1 por muchas semanas, pero cada vez que entraba a la cancha ello quedaba en el pasado y volvía a emprender la tarea desde cero.
Creo que nada refleja mas el espíritu de Agassi que la celebre frasecita con que se despidió del Abierto de USA en 2005, despues de ser derrotado en dura lucha por el quince años menor Rafael Nadal: "Gracias por la oportunidad de haber podido jugar contra Nadal antes que él se retire". El público, su público, deliró.
Por eso mismo no podía haber otro lugar para el retiro que las canchas de Flushing Meadows: el triunfo épico ante Baghdatis (otro muchachito que creció teniendo la mirada en Agassi), el público haciendo la ola en cada gran jugada de André, la paciente espera de sus rivales para poder reiniciar el juego, la caída ante el casi adolescente Becker, el llanto ante un público que no se cansaba de despedirlo y la inesperada pero merecida ovación que le dieron sus compañeros de circuito al volver a los camarines.
La historia del tennis está llena de grandes tenistas: Laver, Connors, Mc Enroe, Borg, Lendl, Sampras, Edberg y Federer, pero solo uno se ha merecido el apodo de la Leyenda.
Gracias André por cada minuto de tennis que nos diste durante casi veinte años. Los que tuvimos la suerte de verte jugar te tendremos siempre en el recuerdo y tenemos claro que el circuito ya no será el mismo sin ti.
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