1 de septiembre de 2006

La muerte de un Presidente

La conmoción que causó el reportaje sobre la muerte del Presidente Eduardo Frei Montalva me trajo a la memoria el libro de William Manchester, de cuyo título me he tomado para titular este blog, que narra en un número importante de páginas las horas previas y posteriores al asesinato del Presidente Kennedy.

El libro de Manchester está lleno de hechos inexplicables, de espantosas coincidencias y de conductas incomprensibles de personas supuestamente de la confianza del Presidente. Tambien describe en forma muy clara el caos que se genera en este grupo cercano cuando llega el terrible desenlace.

A modo de epílogo a la obra de Manchester, podríamos agregar que cuarenta y tantos años despues del asesinato de Kennedy aun los misterios de su muerte son infinitos.

La muerte del Presidente Frei no es a tiros en una avenida y ante cientos de testigos y camaras de TV. La muerte del Presidente Frei no es en un país democrático con sus instituciones funcionando. La muerte del Presidente Frei es en el ambiente críptico de la cirugía y en un país amordazado por el miedo.

Por eso, toda interpretación - o especulación- sobre los hechos es creible.

Por un lado, un gobierno que había sido capaz de mandar a matar a un ex Canciller y a un Ex Comandante en Jefe del Ejército en territorio extranjero y hecho desaparecer a mas de tres mil en territorio propio, no iba a tener complicaciones morales para completar su lista con un Ex Presidente de la República. Como dicen los escritores de novelas policiales, razones para hacerlo le sobraban. Y las oportunidades, tambien.

Sin embargo, matarlo haciéndolo aparecer como un lamentable accidente es una joyita de sofisticación, característica que nunca estuvo en el ADN de los servicios de seguridad de la dictadura. Por el contrario, los bombazos de Washington y Buenos Aires y los degollamientos de Tucapel y otros, muestra que su estilo fue siempre mas cercano al de Capone.

Por otro lado, los médicos siempre dicen que entrar a un quirófano tiene riesgos, por muy inofensiva que parezca la cirugía. Que alguien muera en una intervención quirúrgica, o debido a sus secuelas, no es habitual, pero tampoco es tan extraño. Todos, si nos ponemos a hacer memoria, recordaremos un caso cercano.

Lo que resulta mas extraño, al igual que en el libro de Manchester, es la conducta del entorno. ¿Por que el cirujano que guardó silencio por mas de 20 años ahora decide hacer declaraciones?. ¿Por que hay tantas contradicciones sobre si hubo o no autopsia?. ¿Por que un papel tan explosivo como un llamado de auxilio del ex mandatario solo sale a luz 20 años despues?. ¿No se suponía que el equipo médico era de la confianza politica y personal del enfermo?.Por que hay tantas versiones de episodios que pasaron en ambientes cerrados y períodos de tiempo escaso?

Acepto que el miedo es cosa viva y nadie se atreviera a abrir la boca en medio de la dictadura, pero a la democracia regresamos hace 16 años. Que don Eduardo Frei RT diga que en su gobierno no se investigó por no mezclar temas personales con los de gobierno, me parece de una pobreza franciscana. El asesinato de un ex Presidente, mas aun, en su lecho de enfermo, es un tema de alta política.

Por otro lado, el Presidente Frei era una figura de magnitud internacional. Si la familia, o algun alto dirigente DC de la época, hubiese puesto encima de la mesa la mas leve sospecha de homicidio, dificilmente la dictadura la habría podido acallar simplemente mandando a un par de personas presas. Pensar en un segundo homicidio para tapar el primero, menos aun, ni siquiera en el limitado intelecto de los servicios de seguridad. Si los funerales de don Eduardo fueron lo que fueron ¿se imaginan la reacción social ante el simple enunciado de un homicidio calificado?.

Creo que si queremos novelar esto podemos construir un libro mas voluminoso que el que hizo Manchester, sin embargo, me inclino a que los años borraron toda posibilidad de investigar en serio y, por ende, de tener una verdad razonablemente comprobada.

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