8 de diciembre de 2007

Y seguimos monarquicos

En varias ocasiones he dicho que los chilenos en el fondo de nuestros corazones, por mucho que hagamos gárgaras de demócratas, somos unos monárquicos recalcitrantes. Queremos siempre tener un rey y, en lo posible, mas cercano a Luis XIV que a Juan Carlos de Borbón.

En épocas pretéritas don Arturo gritaba desde el balcón "querida chusma" y sus seguidores deliraban. En la época del Tata los mejores orgasmos políticos se alcanzaban cuando el caballero decía "vamos a tener mano dura". Mas aún, los adherentes a don Augusto decían que el apoyo debía ser irrestricto. Todavía hay algunos tratando de explicar porque no le pusieron algunas restriccioncitas, aunque fueran para "el que dirán"...

En democracia no lo hemos hecho mal.

Si nos ponemos a pensar en lo bueno y lo malo de don Pato, Eduardito y don Richie - y , además, tratamos de hacerlo con algo de ecuanimidad - nos daremos cuenta en que en los 3 casos hubo de dulce y agraz. En los 3 tuvimos momentos de gran conducción y en otros los errores terminaron pasándoles la cuenta. pero ¿Cual es la sensación térmica? . Que Lagos fue muy superior a los otros dos: porque levantaba el dedo, hacia callar al periodista y dejaba en ridículo a quien osaba interrumpirlo.

Y llegó doña Michelle

Aunque le pongamos la mejor buena voluntad, tenemos que llegar irremediablemente a la conclusión que su gobierno ha sido malo. Tenemos que pensar un largo rato para encontrar un éxito en su gestión, sin embargo sus errores, fracasos y metidas de pata se nos vienen a la cabeza con gran presteza.

Pero es la Reina.

Podemos decir samba canuta de los ministros, de los parlamentarios, de los jefes de servicios, pero ella esta por sobre el bien y el mal. No importa que la decisión se haya tomado en Consejo de Gabinete o que el decreto lleve clarita su firma. A la Reina no se toca

He leído varias veces lo que le dijo Ovalle en la ENADE y todavía no encuentro que fue lo tan terrible que dijo. Alguien me podrá decir que no es elegante invitar a alguien a una ceremonia y luego sacarle la cresta, pero a excepción del tema del liderazgo en el que podía sentirse increpada en lo personal, los demás temas fueron críticas en que el sayo venía mas bien para ministros o para el aparato estatal como un todo que para doña Michelle en particular.

O vamos a decir que tratar a los empresarios de "chupasangres" por el tema de la subcontratación y luego tener el mayor pecado en CODELCO, no es motivo de críticas?

O vamos a decir que sacarle la cresta a los empresarios vinculados a Transantiago en un proyecto que fue estatal desde la A a la Z, no es motivo de críticas?

O vamos a decir que la actuación del ministro del Trabajo en el conflicto de Superpollo ( ¿o fue Sopraval?) fue digno de elogios?

O vamos a decir que el doble estándar de criticarle a los empresarios privados conductas que el Estado es el primero que lleva a cabo tampoco es motivo de criticas?

Podremos discutir si Ovalle cometió errores de forma o de protocolo, pero convengamos en que en una democracia, el gobernante es el primer sujeto de la crítica

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