2 de diciembre de 2007

Gustos caros

Esta semana dos noticias se acapararon todos los titulares: El Colorín Zaldívar y la Teletón. Como la segunda dificilmente puede ser considerada noticia, solo nos quedó el Colorín.

La primera reacción al tema es similar al que nos provoca la violencia intrafamiliar: nos molesta, la encontramos espantosa, pero tampoco creemos que debamos meternos. Al fin no se está peleando un tema nacional (estoy hablando de la raíz del problema), tampoco pareciera que es un tema ideológico y la discreción siempre nos ha enseñado a no meternos en problemas de casados.

Sin embargo, si escarbamos un poquito mas, descubrimos que el temita nos terminará pegando a todos.

En primer lugar, porque hoy dificilmente alguien puede contar los votos con que cuenta un proyecto de ley. Tampoco - y eso me parece mas grave - el por qué de cada voto: senadores regionales que votan por un hospital mas en su zona, diputados de gobierno que votan por la oposición porque es una excelente manera de pasarle la factura al adversario de turno, o dirigentes de la oposición que se convierten en los abogados defensores de la Presidenta. Entonces la política deja su contenido profundo y se convierte en pelea de caudillos.

En segundo lugar, porque estamos recobrando el lenguaje descalificador que nos dejó la casa de remolienda el '73. Hasta la oposición del Colorín al Transantiago me parecía que estaba en su derecho. No creo que sea obligación de un parlamentario serio defender lo indefendible. Tal vez se le pueda criticar que fue poco propositivo, pero la posición de Zaldivar tampoco era un misterio. Pero de ahi a disparar a la bandada las mas variadas acusaciones no me parece serio, mas aun cuando varias cayeron derechamente en el terreno de la injuria.

En tercer lugar, porque si bien el argumento de Zaldivar de que la Concertación se murió tiene alguna base de realidad, en cuanto a que el proyecto original se agotó, tampoco parece poco serio estar dentro y estar fuera al mismo tiempo. Zaldivar no está llamando a quien estan aburridos con la Concertación a sumarse a la Alianza, sino que levanta un proyecto incomprensible y que tiene mas los visos de personalismos que de real propuesta al pais.

Entonces la noticia de última hora resulta tremendamente aleccionadora: el video de una demacrada Ingrid Betancourt, víctima de la violencia política por mas de 5 años, hoy moneda de cambio para que Chavez tenga otra oportunidad de subirse por enésima vez al escenario, nos muestra con meridiana claridad lo que ocurre cuando la política se convierte en una chacota. Cuando las propuestas de progreso social y económico se subordinan al ego de unos pocos o a la frasecita oportuna para salir en TV.

Creo que el gustito que se está dando Zaldivar es demasiado caro para el país.

1 comentario:

Antonio Lara dijo...

El gustito es sólo del Senador?
saludos