21 de febrero de 2011

Ovejas negras o pastores negros

No estaba en mis planes hablar de Karadima. Primero, porque no veo donde está la “pizca de humor” y, segundo, porque los temas con algún atisbo de religión no son mis preferidos.

Pero, que se le va a hacer, es el tema de la semana.

En primer lugar, me llama la atención como una situación como la denunciada puede esconderse por años. Mas allá de la influencia del señor párroco en sus víctimas o del poder para hacer callar a quien osara levantar una sombra de sospecha, me parece insólito que una persona ya mayor de edad (y en este caso hablamos de cuatro personas) haya tardado mas de 20 años en ser capaz de enfrentar su experiencia traumática de la juventud. El razonable temor - o la verguenza - pudieron ser contrapesado por una motivación fuerte para que otros inocentes no pasaran por su misma terrible experiencia, en especial, si hablamos de personas con fuertes valores morales y sólidas creencias religiosas. No voy a victimizar a las víctimas, pero su conducta no me resulta del todo comprensible

En segundo lugar - y siguiendo casi un estándar para este tipo de casos – el Obispo miró para el cielo y se hizo el de las chacras. Ni siquiera el hecho de que la olla se destapara en un programa de televisión motivó al purpurado a que le diese un poco mas de pelota a la denuncia. Si la denuncia hubiese sido en contra de algún ciudadano de a pie, el Sr. Cardenal habría salido deplorando el hecho y exigiendo justicia. Mas aun, en este caso hay elementos de administración de recursos financieros y ejercicio del poder que debieron haber preocupado al Sr. Obispo, simplemente por sobrevivencia propia.

En tercer lugar, la actitud de nuestra nunca bien ponderada justicia. Un abogado me aclaraba que los tribunales están para hacer cumplir las leyes y no para impartir justicia, pero mas allá de esta terrible definición, se ve el nulo deseo de llegar al fondo de las cosas. Las mas de las veces la discusión judicial pasa por las puras formas: no importa que el crimen sea alevoso porque ya prescribió, no importa que se haya arrancado con la limosna y el santo porque el delito no está configurado, no importa que el tipo sea un depravado sexual porque la víctima ya tenía los dieciocho. En particular, llama la atención que no hayan habido ni el mas tibio intento de averiguar si el Sr. Cura había ejercido sus particulares formas de concientización en tipos de menos edad que los denunciantes, lo que habría mandado de entrada a tierra la tesis de la prescripción. Al fin dar carpetazo al caso era mas fácil y mas cómodo.

Y, finalmente, el indudable mérito del Papa de dejar de seguir escondiendo situaciones que son inaceptables en ciudadanos corrientes y francamente repudiables en clérigos. Creo que era hora de dejar de ver la paja en el ojo ajeno y dedicarse a extirpar una viga en el propio. Mas aun, el atreverse a hablar derechamente de delitos, sin esconderse tras eufemismos del tipo de las “conductas impropias”, da un inmenso valor a la sentencia vaticana y pone en entredicho la actuación de la justicia chilena.

Solo espero que el retiro del Sr. Karadima tenga la connotación de penitencia que la sentencia señala y no termine siendo un retiro dorado. Me parece de justicia que Monseñor Errázuriz tambien tenga sus semanitas de penitencia, al menos, por su negligencia.

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