Los chilenos- tal vez por el tantas veces comentado complejo de inferioridad -necesitamos que se nos esté diciendo que lo estamos haciendo bien o, mejor, que lo estamos haciendo mejor que los otros. Si lo dice un extranjero adquiere un valor adicional.
Asi, se le concedió a Gabriela Mistral el Premio Nacional de Literatura un montón de años despues que ella ganase el Nobel. Los economistas esperan con desesperación el informe de las clasificadoras de riesgo internacional. Las viñas desconocidas se proyectan cuando pueden exhibir las medallas o premios - reales o ficticios - alcanzados en encuentros internacionales.
Lo divertido del tema es que lo que se diga en el pais ANTES de la certificación internacional no tiene el mismo sabor y, obviamente, no tiene el mismo valor.
Acabamos de tener la expresión política de lo mismo
Cuando a mediados del año 2005 comenzó a verse con fuerza que la candidata del bloque socialista- PPD sería doña Michelle Bachelet, fueron muchos los que se preguntaron si la dama "daría el ancho" (¡Que gran fracesita se ha inventado!). Su carrera política se limitaba a ser una disciplinada militante de base con nula trayectoria, salvo una desastrosa incursión en elecciones municipales. Su experiencia gubernamental era discutible, no quedando claro cuan importante había sido su paso por los Ministerios de Salud y Defensa. Pero sonreia.
Asi gracias a un temporal y a una sonriente Ministra de Defensa encaramada arriba de un Mowac, se proyectó la inesperada y refulgente carrera de doña Michelle a la Presidencia de la República.
Las encuestas dijeron hasta la saciedad dos cosas: Uno, que a no ser que pasara algo muy raro, la Sra. Bachelet sería la Presidenta de Chile y segundo, que cuando se trataba de evaluar sus calificaciones para el cargo, sus rivales alcanzaban mejores marcas. Pero los chilenos querian una sonrisa de mujer en La Moneda.
Como lo importante era la sonrisa, nadie puso demasiado acento en el programa. Tampoco nos preocupamos demasiado de las tareas que quedarian pendientes del gobierno anterior. Este gobierno sería "paritario" y "cercano" y con ello bastaba.
La designación de sus colaboradores estuvo marcado por estos dos "principios" de su gobierno. Ahora ademas de ser un tipo idoneo para el cargo, debiamos revisar que militara en el partido correcto y por añadidura del genero determinado a priori para el cargo.
Si el tipo - o tipa - había tenido experiencia de Gobierno ello era un elemento negativo: nadie se repetiría el plato.
El primer efecto de esta selección fue que tres gobernadores ni siquiera alcanzaron a asumir. Cuatro meses despues, en la primera crisis seria, tres ministros incluyendo al Jefe de Gabinete deben dejar el Gobierno. A lo largo de un año tuvimos tres programas de reactivación de la Economía y esta, tercamente, se mantuvo en parametros bastante mas bajos que los esperados.
Y llegó Transantiago. No voy a latearlos repitiendo lo que se ha dicho a lo largo de seis semanas (incluyendo este blog). Nuevamente cuatro ministros deben dejar el gobierno.
Pero ahora es diferente
The Economist - tal vez una de los cinco medios de comunicación mas importante e influyentes del mundo - ha dicho lo que muchos sabiamos hace rato: la que no da el ancho es la Presidenta. Con ese estilo tan sajón, ha dicho con todas sus letras lo que en Chile se dice en forma oblicua. Como The Economist no está preocupado de "blindar" a la Presidenta nos ha dicho - igual que en el cuento - que el traje del emperador (de la Presidenta) no existe.
Por suerte, ahora tenemos certificación internacional para ratificar lo que hemos estado diciendo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario