A contar del momento en que se hizo público el accidente sufrido por el General Director de Carabineros y su comitiva en Panamá, el "huracán Bernales" arrasó con cualquier intento de hablar de otra cosa. Hasta el fútbol, que vivía el momento cumbre de una final de campeonato, debió dejar espacio al general.
Un amigo mío se preguntaba si no era un poquito mucho. La verdad es que tiendo a encontrarle un poco de razón.
No conocí al General Bernales mas allá de lo que nos presentó la prensa a lo largo de sus casi tres años en la Dirección General de Carabineros. Un hombre con el lenguaje directo y seco de los uniformados, pero que tuvo la diferencia de manifestar emociones cuando sucesos trágicos acabaron con la vida de algun carabinero. Cada vez que Carabineros sumó un nuevo mártir el general se mostró como un dolido padre que perdía un hijo. Por tanto, hasta allí resulta comprensible el dolor de la institución.
¿Pero que explica la conmoción nacional?
En primer lugar la necrofilia de los chilenos. En Chile no existe muerto malo. Nos gusta el ritual de la muerte (velorio, misa, funeral) en especial si se trata de un personaje público. Además, en el caso de los personajes públicos, bruscamente le descubrimos virtudes que el vida estuvieron ocultas y los mas enconados adversarios lo tapan a elogios. Ejemplos sobran: La Gladys, Julito Martínez, Anita González,etc. No quiero ni pensar lo que será aquello el dia que a Don Francisco lo llamen a rendir cuentas en el piso de arriba....
En segundo lugar, y no por eso menos importante, la inmensa capacidad que tienen los medios de comunicación de crear imágenes y climas a contar de alguna noticia. Si hay muertos mejor. Si hay una tragedia que contar la tendremos en 15 versiones en los 4 canales de televisión y en todos los diarios del dia siguiente.
En tercer lugar - y ligado a lo anterior - la decreciente capacidad del pais de racionalizar los hechos. Todo, incluyendo la política, se maneja al nivel de las emociones básicas sin que nadie se de el trabajo de mirar un poco mas allá. Al Gobierno la muerte del general Bernales le daba la inapreciable oportunidad de mostrar a la Presidenta en su mejor faceta, a la Concertación descomprimir el tema de las dos listas y a la UDI el minuto para tomar aire despues de la bolsa de gatos que tiene. En resumen, negocio para todos
Tengo la impresión de que el general Bernales era un buen hombre, un buen esposo y un buen padre. Pero con la sola excepción de que es el primer Director General que muere en el ejercicio de su cargo, dificulto que vaya a tener un lugar relevante en la historia del país, simplemente porque los índices de delincuencia probablemente hoy sean muy parecidos a los que existían al momento de asumir su cargo.
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